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Por Jaime Rozas , 21 de febrero de 2021

Pescadoras emprendedoras de Los Ríos avanzan en mejorar su competitividad

Dominga Huichalaf, junto con los productos que genera su planta de proceso en Niebla. (Cedida)
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Fortalecer las capacidades técnicas, productivas, organizacionales y comerciales de dos plantas pesqueras de pequeña escala, lideradas por mujeres de Valdivia, son el foco de un proyecto Corfo ejecutado por Fundación Cocinamar.

Dominga Huichalaf es una emprendedora reconocida en la Región de Los Ríos dentro del rubro de la pesca artesanal. Ellas y sus hijas administran el restaurant “La Minga” de Niebla —comuna de Valdivia— el cual, producto de la pandemia, ha tenido que cerrar temporalmente sus puertas, funcionando actualmente sólo mediante reparto de productos del mar, procesados en su sala de elaboración. 

Este emprendimiento familiar cuenta con una pequeña planta de proceso certificada por el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura, en la cual procesan pescados y mariscos para vender en formato de carne congelada y sellados al vacío, además de pescados ahumados como róbalo y sierra.

En caleta El Piojo, en tanto, Elsa Neira tiene una pequeña planta de procesos donde trabajan cuatro personas, quienes procesan 200 kilos de materia prima al día. Se trata de un emprendimiento familiar que comercializa navajuelas precocidas y congeladas.

Y ahora, gracias al proyecto Corfo “Aumento en la competitividad de plantas pesqueras artesanales bajo el estándar de comercio justo” —ejecutado por Fundación Cocinamar—, contarán con la infraestructura necesaria para aumentar su productividad, ya que ambas plantas forman parte del piloto de comercio justo para mercado nacional, bajo el estándar de pesca de captura Fair Trade Certified, para la pesquería de navajuela, en proceso de certificación. 

El sello Fair Trade USA (Comercio Justo) es una certificación de pesquerías con criterios sociales sumados a los económicos y ambientales y desarrollados primordialmente para las pesquerías de pequeña escala de países en desarrollo.

“A la planta de Dominga se le mejorará la sala de ahumados, mediante la construcción de dos ahumadores, lo que permitirá aumentar su capacidad de producción, almacenamiento y comercialización”, explica Griselda Ilabel, directora de la iniciativa y de la Fundación Cocinamar. “Además, la cocina de su restaurant La Minga se habilitará con piso de cerámica para solicitar su funcionamiento como envasadora y que ella pueda trabajar en sus conservas”.

También se les proveerá de implementos para despinar y limpiar de una manera más eficiente. Ya que todo el trabajo de la planta se realiza de forma manual, lo que implica mayor tiempo y esfuerzo por parte de la emprendedora. Y también se realizará la compra de una hidrolavadora, que limpiará las bandejas de residuos de pescado de forma más rápida y eficiente, y una congeladora para almacenar recursos que se extraen en esta temporada.

“Hace tiempo que necesitaba los ahumadores. Voy a poder ahumar el doble de pescados de una vez”, dice Dominga Huichalaf. “Cuando tenía que ahumar harto en el día, pasaba el día entero haciéndolo, entonces ahora lo haré en la mitad de tiempo. Esto nos va a servir para seguir creciendo y para tener un mayor volumen de producción”.

En el caso de la planta de proceso de Elsa, ya se le realizó un mejoramiento de la infraestructura, “enfocado principalmente en el área sucia, donde está el cocedor, que también queremos cambiar para mecanizar un poco el proceso”, agrega Griselda Ilabel. “Además, se le está instalando luz eléctrica dentro de la planta, lo que permitirá eventualmente trabajar por turnos y mejorar la productividad”.

Comercio justo para la pesca artesanal

Las plantas de proceso de pequeña escala presentan, en general, una serie de brechas que dificultan su operación en el competitivo mundo de comercialización de productos del mar, debido a que su operación está basada en el trabajo manual y a que no cuentan con el equipamiento adecuado.

“Todas las máquinas y equipos que existen para pesca son muy grandes para el tamaño y la operación de las plantas pesqueras de pequeña escala”, señala Ilabel. Sin embargo, “compiten con empresas o con intermediarios que compran en grandes cantidades y estas plantas pequeñas, para abastecerse, pagan un mejor precio a los buzos y pescadores”, explica la directora de Fundación Cocinamar. “Entonces, ya trabajan con algunas nociones de comercio justo, venden bien su producto y saben lo que vale”.

De todas maneras, “avanzar en comercio justo en pesquerías no es fácil", aclara Ilabel. "Es una certificación cara, pero esperamos que al aprobar la auditoría en los próximos meses, podamos avanzar hacia el estándar comercial y exista la posibilidad de que pequeñas plantas pesqueras como las que apoya esta iniciativa, puedan acceder a él”. 

En el mes de marzo se realizarán capacitaciones en comercio justo con el apoyo de Araucanía Hub, para seguir fortaleciendo el modelo y avanzar en este camino que Fundación Cocinamar empezó el año pasado, con el apoyo de Fomento Los Ríos, Resources Legacy Fund, Fair Trade Usa y la consultora APP Chile, quienes tienen la titularidad del sello Fair Trade Certified.

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